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La seducción empieza en la cocina

La seducción empieza en la cocina

La seducción empieza en la cocina. El camino más corto para llegar al corazón, se dice, es el estómago. A través de todos los tiempos y en todos los niveles culturales; en palacios y chozas, entre indigentes y príncipes, una de las fuerzas dominantes que han impulsado a la humanidad, es lo que comemos, la alimentación y aún más, en la escala de la cultura, la gastronomía misma. Y todo claro, ligado al amor, a la condición amorosa, esa sensación apremiante e intensa que inunda beneficios e irresistibles al hombre y a la mujer. Hasta en nombre de Venus se han cometido crímenes, por lo que no es sorprendente que el hombre haya buscado por todos los medios conservar las facultades amatorias. A lo que habría que agregar el erotismo, más allá de la preservación de la especie, se interna en la creatividad suprema: y la unión amorosa de hombre y mujer.
Vayamos entonces a la alimentación en este contexto y escojamos por ejemplo al capiusco o pimiento que los indígenas que llamaban ají y que los mexicanos orgullosamente le llamamos chile y que en la lengua del cuzco lo denominaban uchu, como uno de los más recurrentes símbolos en civilizaciones antiguas. Así, el jesuita José de Acosta, afirmó que “si se come demasiado tiene muy ruines efectos porque de su yo es muy cálido y humoso, amén de penetrativo porque por el mucho uso es perjudicial para la salud y mayor mente para el alma porque provoca sensualidad”. Estemos a no de acuerdo, es una más de muchas referencias que ejemplifican el caso.

 

platillo que no condujera al amor no era tal

 

Y ya que hablamos de esta solanácea, Brasil y México se disputan su origen de donde se extendió a todo el continente Americano y paso al viejo mundo, después del descubrimiento de América por los españoles. El sabor ardiente de algunas variedades de pimiento se debe a que en su contenido hay un alcaloide que se llama “capcina”. Pero también estos pimientos picantes son tenidos como plantas medicinales debido a su acción rubificante e impermeante, por lo que usados con moderación en la cocina tienen una actividad sin duda benéfica.
En fin, que los usamos en la confección de gran número de platos, pues existe una variedad enorme de tipos de chile, unos muy picantes y otros menos. Los más conocidos son el ancho, bola, cascabel, cuaresmeño, cuicateco, chilacate, chihuatle, chipotle, guajillo, jalapeño, mora, mulato, pasilla, pimiento, o chile dulce, piquen, chiltepín, poblano, serrano, tornachil, Xcicatiquetl, de los cuales tienen fama de ser los mas picantes, el cascabel.
Una gran variedad, que como el pintor ante su paleta, permite al cocinero elegir aquellos que mejor le convengan.
Asimismo, mucho se ha especulado sobre las pócimas y el amor, como las usaban en el templo de Milita, la Venus babilónica, de lo que hablaba Herodóto; o los filtros que confeccionaban las “hierolidas” dedicadas al culto de Afrodita en la fortaleza de Corinto, que según Estrabon, se entregaban al placer de los visitantes, donde se servían bebidas excitantes. También cuenta la historia que en las mansiones de las Hetairas se consumían brebajes, mientras la anfitriona era admirada por su belleza y su cultura. Así fueron Frine y Apasia (la compañera de Pericles) tan alabadas por Plauto, Gerofonte y otros escritores clásicos. Por cierto, las Hetairas estaban consideradas como unas ciudadanas independientes, sensibles y virtuosas, muy distintas a las prostitutas vulgares, aún cuando éstas pretendieran imitarlas y adoptar sus nombres.
Queda claro pues que la influencia recíproca entre la seducción y la comida, como se ha dicho con mucha insistencia, es real. Todo lo que nos llevamos a la boca, ya sea una fruta, o un trozo de pastel o la porción de un exquisito platillo, puede ser una llamada de amor, un acto amoroso. Nada menos hasta un refrán reza “que platillo que no condujera al amor no era tal”, e incluso, en otro ejemplo, como ocurre con el idioma zapoteco o guaraní, en el que hacer el amor equivale a “comerse a la mujer”.

Acerca del autor

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Martha Chapa, es una de las más destacadas artistas de la plástica contemporánea de México y ha recibido significativos premios y reconocimientos, dentro y fuera del país. Ha participado en más de 250 exposiciones alrededor del mundo. Y además ha incursionado en la investigación gastronómica, siendo autora ya de más de 30 libros, especialmente sobre la cocina mexicana. Martha también es desde hace 10 años co-conductora de “El Sabor del Saber”, programa que obtuvo recientemente el Premio Nacional de Periodismo 2016.

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